El fútbol profesional colombiano vive una de sus jornadas más movidas en lo que va del semestre.

En una noche marcada por la tensión, el silencio sepulcral en las tribunas y el peso de los resultados adversos, Alberto Gamero puso fin a su etapa como director técnico del Deportivo Cali.
Lo que inició como un proyecto ambicioso para rescatar a una de las instituciones más históricas del país del abismo del descenso y la crisis institucional, terminó de forma abrupta en la sala de prensa del estadio de Palmaseca, tras una dolorosa derrota 0-2 ante Once Caldas.
El estratega samario, conocido por su resiliencia y sus procesos exitosos en equipos como Deportes Tolima y Millonarios, no pudo encontrar la fórmula mágica en el conjunto ‘Azucarero’. La caída frente al ‘Blanco Blanco’ de Manizales fue el detonante final.
Gamero, visiblemente afectado pero manteniendo la caballerosidad que lo caracteriza, decidió no aceptar preguntas y, en cambio, entregar una declaración que cayó como un balde de agua fría para algunos y como un alivio para otros: «Hasta hoy soy el director técnico del Deportivo Cali».
Una crónica anunciada por los números. El paso de Gamero por el banquillo técnico del Cali será recordado como un periodo de «querer y no poder». Durante sus ocho meses al mando, el «Sonero» dirigió un total de 30 compromisos, dejando un saldo estadístico que difícilmente permitía la continuidad de un proceso en un equipo con las urgencias del cuadro vallecaucano.
Con solo 8 victorias, 9 empates y 13 derrotas, el rendimiento del 37% fue insuficiente para calmar las aguas de una hinchada que exige resultados inmediatos.
En la actual Liga BetPlay I-2026, el panorama no era distinto. Tras diez jornadas disputadas, el equipo se encontraba fuera del grupo de los ocho, con una falta de regularidad pasmosa que se reflejó en su última presentación. El equipo se vio carente de ideas, desconectado en sus líneas y, lo más preocupante, con un «aroma» —como el mismo Gamero definió— que ya no era el propicio para trabajar.
El adiós en sus propias palabras. «Yo creo que venir aquí a responder preguntas hoy no me queda bien. Vengo a comentarles que hasta hoy soy el técnico del Deportivo Cali», inició el entrenador ante la mirada atónita de los periodistas presentes.
En su discurso, Gamero hizo énfasis en que la decisión fue enteramente personal, desligando de responsabilidad a la junta directiva encabezada por Rafael Tinoco.

«Si algo tenía con esta junta era un buen diálogo. No veo buen aroma; cuando las cosas no salen, no salen. Dios quiera que venga otra persona y saque esto adelante, porque equipo hay», añadió el samario, quien se mostró orgulloso del sacrificio diario de sus jugadores, a pesar de que los resultados en la cancha dictaran una sentencia diferente.
La salida de Gamero deja al Deportivo Cali en una situación de vulnerabilidad extrema. Con el fantasma del descenso aún acechando en la tabla del promedio y una crisis financiera que no da tregua, la institución deberá buscar un timonel capaz de navegar en aguas turbulentas.
La renuncia del «Sonero» no solo marca el fin de un proceso deportivo, sino que profundiza la incertidumbre en un club que parece no encontrar el norte desde hace varias temporadas.