Es el primer registro confirmado de tejidos blandos en un reptil marino en el norte de Suramérica. El descubrimiento llena un vacío científico de talla mundial.

Un hallazgo sin precedentes vuelve a poner a los ojos de la comunidad científica mundial sobre los suelos de Villa de Leyva. Un equipo de investigadores ha confirmado el descubrimiento de piel fosilizada en un ictiosaurio que habitó los antiguos mares tropicales de Colombia hace aproximadamente 120 millones de años, durante el periodo Cretácico Temprano.
Este descubrimiento marca un hito en la paleontología regional, al convertirse en el primer registro verificado de preservación de tejidos blandos en un reptil marino en la parte norte de Suramérica, un fenómeno extremadamente inusual en estas latitudes.
El fósil, catalogado técnicamente como CIP-0107, reposa en el Centro de Investigaciones Paleontológicas (CIP) de Villa de Leyva. Fue hallado en la conocida Formación Paja, una unidad geológica que ha demostrado ser una de las bibliotecas fósiles más ricas del país.
Lo que hace excepcional a este espécimen no es solo su antigüedad —ubicada en el intervalo Barremiano-Aptiano (entre 125 y 120 millones de años)—, sino el nivel de detalle que ha sobrevivido al paso de los milenios. Según revelaron los estudios, el animal conserva estructuras laminares y flexibles que corresponden a su piel, así como patrones microscópicos en forma de red que evidencian las capas de su epidermis.
Durante décadas, la ciencia se ha enfrentado a lo que denominan el “Lower Cretaceous Gap” (el vacío del Cretácico Inferior), un periodo del que se tenía muy poca evidencia de preservación de tejidos blandos a nivel global. La mayoría de hallazgos de esta calidad provenían de Europa o Asia y de periodos Jurásicos.
Este hallazgo en Boyacá demuestra que los mares tropicales también ofrecían condiciones para este tipo de conservación excepcional. Los análisis sugieren que la piel se preservó gracias a una «tormenta perfecta» de condiciones: un enterramiento rápido en sedimentos finos, bajos niveles de oxígeno en el fondo marino y una actividad microbiana que favoreció la mineralización temprana, protegiendo los tejidos de la descomposición total.
Tecnología de punta al servicio de la historia. Para confirmar que no se trataba de simples manchas en la roca, los científicos emplearon un enfoque ‘multiproxy’, combinando varias técnicas de alta tecnología:
- Desmineralización.
- Microscopía electrónica de barrido.
- Espectroscopía Raman e infrarroja.
Los resultados arrojaron que las muestras contenían residuos orgánicos originales transformados químicamente en polímeros estables, diferenciándose claramente de la roca sedimentaria y de posibles biopelículas modernas. Incluso se detectaron estructuras estrelladas compatibles con células pigmentarias.
¿Por qué es importante? Este descubrimiento no solo amplía el conocimiento biológico sobre los ictiosaurios —los «delfines» reptiles de la era de los dinosaurios—, sino que revalida el potencial de Colombia como un laboratorio natural de clase mundial.
El hallazgo sugiere que en los sedimentos de Boyacá podrían existir más secretos esperando ser revelados, abriendo la puerta a nuevas investigaciones que permitan entender mejor cómo era la vida y la evolución en los ecosistemas marinos del pasado profundo.
