¿Apagón a la vista? El drama de las redes eléctricas que pone en jaque la luz de los colombianos

Un informe reservado del sector energético advierte que la falta de infraestructura de transmisión y el retraso en proyectos clave tienen al Sistema Interconectado Nacional operando al límite y podría presentarse un apagón.

En los pasillos del Ministerio de Minas y Energía el ambiente está lejos de ser calmo. Mientras el Gobierno Nacional impulsa una ambiciosa transición hacia fuentes de generación limpia, un fantasma del pasado ha vuelto a rondar las conversaciones de los expertos: el riesgo de un desabastecimiento eléctrico no por falta de agua en los embalses, sino por la incapacidad de las «venas» del sistema para transportar la energía.

Según un exhaustivo análisis conocido, Colombia se enfrenta a un cuello de botella crítico en su infraestructura de transmisión. A pesar de que el país cuenta con una matriz de generación robusta, los proyectos necesarios para conectar las nuevas plantas solares y eólicas con los centros de consumo —como Bogotá, Medellín y Barranquilla— presentan retrasos que en algunos casos superan los cinco años.

El nudo gordiano del sector

La situación es especialmente preocupante en la región Caribe y el centro del país. El informe señala que el Sistema Interconectado Nacional (SIN) está operando «bajo condiciones de estrés permanente».

La razón principal radica en las dificultades para ejecutar las consultas previas con comunidades y la lentitud en la expedición de licencias ambientales, procesos que han dejado en el papel obras de expansión vitales.

«Estamos generando energía en el norte, pero no tenemos cómo bajarla al centro del país con la eficiencia necesaria. Es como tener un Ferrari guardado en un garaje porque la vía de salida está sin pavimentar», explicó a este diario un alto directivo del sector que pidió reserva de su nombre.

Los riesgos para el usuario final

¿Qué significa esto para el ciudadano de a pie? El impacto es doble. En primer lugar, la inestabilidad. Al operar al límite, cualquier falla técnica menor en una subestación puede desencadenar cortes de energía preventivos o fluctuaciones de voltaje que dañan electrodomésticos.

En segundo lugar, el bolsillo: al no poder utilizar la energía más barata (que suele ser la renovable o la de grandes hidroeléctricas lejanas), el sistema debe despachar plantas térmicas locales, cuyo costo de generación es significativamente más alto, lo que termina reflejándose en el rubro de «restricciones» de la factura de luz.

¿Cuál es la salida?

Desde la Upme (Unidad de Planeación Minero Energética) se ha hecho un llamado de urgencia para agilizar la ejecución de al menos 15 proyectos prioritarios. Sin embargo, el desafío no es solo técnico, sino político y social.

El Gobierno ha propuesto una mesa de diálogo nacional para destrabar las consultas previas, pero los resultados aún no se ven en el terreno.

Por ahora, la advertencia es clara: si no se acelera la construcción de las líneas de alta tensión, la transición energética colombiana podría quedar desconectada, dejando al país a oscuras en un momento en que la demanda eléctrica crece a un ritmo del 5% anual, impulsada por la reactivación económica y el fenómeno de la digitalización.