Perú: crónica de una caída anunciada que deja al país en vilo.

La presidenta Dina Boluarte fue destituida por el Congreso, que declaró su «incapacidad moral permanente». Una crisis de inseguridad, escándalos de corrupción y una profunda desconexión con la ciudadanía marcaron el fin de su mandato.
En una jornada de alta tensión que se extendió hasta altas horas de la noche de este jueves en Lima, el Congreso de la República del Perú puso fin al gobierno de Dina Boluarte. Con 121 votos a favor, el parlamento aprobó la moción de vacancia presidencial por «incapacidad moral permanente», un mecanismo que una vez más sumerge al país andino en una profunda crisis de gobernabilidad. En su lugar, asumió de manera interina el presidente del Congreso, José Jerí.
La salida de Boluarte no fue sorpresiva, sino el capítulo final de un mandato que comenzó a desmoronarse casi desde su inicio. Aunque el detonante inmediato que aceleró su destitución fue la creciente crisis de inseguridad ciudadana y una ola de criminalidad que el gobierno no pudo contener, las causas de su caída son mucho más profundas y complejas.
El recuento de una gestión insostenible
Dina Boluarte asumió la presidencia el 7 de diciembre de 2022, tras el fallido autogolpe y posterior destitución de Pedro Castillo, de quien era vicepresidenta. Su llegada al poder estuvo marcada por masivas protestas sociales que fueron duramente reprimidas, dejando un saldo de más de 50 fallecidos, una herida que nunca cerró y que le valió una investigación por presunta violación a los derechos humanos.
Desde entonces, su gobierno transitó por una cuerda floja. Sin una bancada propia en el Congreso y con una desaprobación popular que rondaba un histórico 3%, Boluarte se alió con fuerzas de derecha en el parlamento para asegurar su permanencia. Esta alianza, vista por muchos como un pacto de conveniencia, la protegió de varios intentos de destitución, pero a costa de un enorme desgaste político.
A la crisis social se sumaron escándalos que minaron por completo su credibilidad. El más notorio fue el ‘Rolexgate’, una investigación por presunto enriquecimiento ilícito y omisión de declaración de una colección de relojes y joyas de lujo. A esto se sumaron acusaciones de abandono del cargo por cirugías estéticas no informadas y un presunto encubrimiento a su hermano, Nicanor Boluarte, también investigado por corrupción.

El golpe de gracia llegó con la incontrolable ola de inseguridad. La ciudadanía, acorralada por extorsiones, sicariato y robos, encontró en nuevas protestas, esta vez lideradas por jóvenes, el canal para exigir un cambio. La presión social se volvió insostenible y el Congreso, que durante meses la había sostenido, finalmente le retiró su respaldo, sellando su destino.
Tras la votación, Boluarte emitió un mensaje pregrabado lamentando la decisión del mismo Congreso que la juramentó. «En todo momento invoqué a la unidad», afirmó, mientras se desconoce su paradero tras abandonar el palacio presidencial. Ahora, sin fuero presidencial, deberá enfrentar las múltiples investigaciones en su contra, sumando un nuevo capítulo a la interminable crisis política que ha llevado a Perú a tener siete presidentes desde 2016.
*Con información de El País y BBC Mundo
