A tres horas de Bogotá, Santa María se erige como el nuevo santuario del turismo de naturaleza. Sus senderos esconden huellas de dinosaurios y pozos de color esmeralda que desafían la fama de Villa de Leyva.

Mientras el turismo tradicional en Boyacá se aglutina en las plazas empedradas de Villa de Leyva o en los postres de Iza, un rincón al suroriente del departamento ha comenzado a susurrar una historia distinta. Santa María, enclavada en el exuberante Valle de Tenza, ha dejado de ser un paso obligado hacia los Llanos para convertirse en el destino predilecto de quienes buscan lo que el exceso de cámaras ya borró en otros lugares: la autenticidad del paisaje virgen.
Este municipio, conocido históricamente por su cercanía a la represa de La Esmeralda (Chivor), es hoy el epicentro de un fenómeno que las autoridades locales llaman «turismo de inmersión». Aquí, el frío del altiplano cede ante un clima templado que abraza los 24°C, permitiendo que la biodiversidad explote en una sinfonía de orquídeas y aves exóticas.
Tras las huellas del tiempo
El mayor tesoro de Santa María no es solo visual, sino paleontológico. En el sector de Pozo La Calavera, los viajeros pueden caminar sobre la historia misma del planeta. Investigaciones de la Universidad de los Andes han confirmado la presencia de huellas de Iguanodontipus, dinosaurios herbívoros que habitaron la zona hace 130 millones de años. Estas marcas, talladas en rocas milenarias junto a corrientes de agua cristalina, son consideradas de las mejores conservadas en el continente.
«Es como estar en un museo sin paredes», relata un guía local mientras señala el Pozo Azul, una piscina natural cuyas aguas, filtradas por la selva altoandina, adquieren un tono turquesa que parece retocado digitalmente. El plan allí no es solo el baño recreativo, sino el avistamiento de aves, una actividad que ha posicionado al municipio en los radares internacionales de ornitología.

Un impulso a la economía local
El despegue turístico de Santa María no es casualidad. Con la reciente inauguración de obras de conectividad en el Valle de Tenza, como el nuevo Puente Conejo, el acceso desde Bogotá y Tunja se ha facilitado notablemente. La apuesta del gobierno departamental para este 2025 es clara: diversificar la oferta más allá de la «Ruta de la Libertad» para convertir a esta provincia en un polo de desarrollo sostenible.
Para el viajero, la recompensa es doble: la posibilidad de desconectarse del ruido urbano y la oportunidad de apoyar una economía de posadas rurales y gastronomía campesina que aún conserva el sabor del fogón de leña. Santa María no solo es un destino; es la prueba de que Boyacá todavía tiene secretos por revelar.