El Papa León XIV aterrizó esta mañana en París y a su llegada recompensó las muchas horas de espera y recorrió varias veces las masas reunidas en el atrio de Notre-Dame para saludar a todos.

A las 9:56 de la mañana de este 25 de septiembre, el avión de la compañía aérea ITA Airways A321 aterrizó en el Aeropuerto Internacional de París/Orly y de esta manera se dio inicio al Viaje Apostólico del Papa León XIV a Francia y la visita a la sede de la Unesco, que tendrá lugar del 25 al 28 de septiembre de 2026.
A las 7:58 de la mañana de este viernes, 25 de septiembre, el avión de la compañía aérea ITA Airways A321 despegó del aeropuerto internacional de Roma-Fiumicino rumbo a París, llevando consigo al Papa León XIV, al séquito papal y a los periodistas que lo acompañan en este V Viaje Apostólico de su pontificado, en el cual visitará Francia y la sede de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), en programa del 25 al 28 de septiembre de 2026.
Durante su vuelo, el Papa León XIV envió un telegrama al Presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella, en el que encomendaba su viaje a Francia a la Virgen María, «a cuya intercesión», escribe, «encomendamos el deseo de paz y reconciliación entre los pueblos». León XIV extendió sus saludos al Jefe de Estado, que acompaña con fervientes deseos de bienestar y prosperidad para toda la nación italiana.
Después del baño de multitudes por las calles de la capital, recorridas en papamóvil mientras saludaba y bendecía, el Papa llega ante el atrio de este milagro de la arquitectura, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1991. Atraviesa en papamóvil dos compactas filas de unos 5.000 fieles.
“El Pontífice recompensa las muchas horas de espera y recorre varias veces las masas reunidas en el atrio para saludar a todos. El sol que ilumina la fachada de Notre-Dame, sobre el fondo de un cielo azul, crea una imagen digna de un cuadro: un déjà-vu que parece transportarnos al otro lado del Sena, a las obras maestras del Musée d’Orsay, y recuerda que el impresionismo, la pintura en plein air, nació aquí”, informaron desde Vaticano News.
En el primer día de su viaje apostólico a Francia, puntualmente, pocos minutos antes de las 17:00, el Papa cruza el umbral de la catedral, besa el crucifijo y bendice a los fieles con ramas de olivo. Pasa por la capilla de San Jorge y después venera de rodillas la Santa Corona de espinas, que ciñó la cabeza de Cristo durante su pasión.
La historia cuenta que fue adquirida en 1238 por el rey de Francia Luis IX, futuro san Luis. Después se recoge en oración ante un relicario de la Santa Corona, que el Pontífice tiene el privilegio de besar. Posteriormente se detiene en la capilla ecuménica, mientras el órgano de Notre-Dame, obra del siglo XIX de Aristide Cavaillé-Coll, muestra toda su potencia sonora.
El programa de este viernes 25 de septiembre
A su llegada al Aeropuerto Internacional de París/Orly, a las 10:00 de la mañana, tuvo lugar la Ceremonia de Bienvenida. Luego, el Pontífice se dirigió al Palacio del Elíseo para la Visita al Presidente de la República. Alrededor de las 11:45 de la mañana, el Santo Padre se encontró a las Autoridades, la Sociedad Civil y el Cuerpo Diplomático, en el Palacio del Elíseo, donde pronunciará su primer discurso.
Por la tarde, el Papa León XIV visitará la sede de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), donde pronunciará su segundo discurso.
A las 5:15 de esta tarde, el Pontífice presidirá la celebración de las Vísperas con los obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados y seminaristas en la Catedral de Notre-Dame de París. Por la noche, a las 9:00, el Santo Padre presidirá la Vigilia de Oración con los Jóvenes en el Estadio de Francia en Saint-Denis, ubicado a uno 9 kilómetros de París.

Tras la reconstrucción de Notre-Dame
Durante la homilía pronunciada en la celebración de las vísperas con los obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados, consagradas y seminaristas, en la catedral de París, el Papa elogia la reconstrucción de la iglesia, cuyo techo fue destruido por un incendio en abril de 2019, como una oportunidad de encuentro “más allá de las fronteras de la pertenencia eclesial”. El Pontífice invita a “desenmascarar las relaciones de poder injustas y a custodiar la justicia y la paz”.
Las imágenes de aquellas llamas que devoraban el techo de la catedral de Notre-Dame, en París, dejaron, en aquel abril de 2019, al mundo entero con el corazón en vilo. “Infligieron un dolor en el corazón de todos, no solo de los católicos o «de los creyentes» Y, sin embargo, precisamente aquel espantoso incendio obligó a levantar la mirada al cielo, descubriendo que compartíamos el mismo corazón, la misma civilización, una historia común”.
En la homilía, pronunciada en francés durante la celebración de las Vísperas con los obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados, consagradas y seminaristas, León XIV recuerda, esta tarde del 25 de septiembre, precisamente bajo las bóvedas de la iglesia símbolo de la ciudad de París, que “lo imprevisible obliga a menudo al ser humano a reconocer su propia insuficiencia”.
El desconcierto provocado por un incendio que destruyó la cubierta y la aguja, provocando el derrumbe de algunas de las bóvedas inferiores, solo pudo ser reelaborado y superado juntos, como comunidad, subraya el Papa en su homilía. Así lo demuestra precisamente la restauración de uno de los templos góticos más célebres del mundo, construido entre 1163 y mediados del siglo XIII.