El mensaje del obispo de Duitama-Sogamoso en el día en que miles de boyacenses andan con la cruz marcada en sus frentes

Niños, jóvenes y adultos han acudido desde esta madrugada a las iglesias para ponerse la ceniza. En Duitama, el mismo obispo signó la frente de decenas de feligreses.

Hoy comienza un tiempo litúrgico diferente en la iglesia católica. La cuaresma, que se relaciona con los cuarenta días que relata la Biblia, pasó Jesús en ayuno, en el desierto, precede la celebración de la Semana Santa.

Boyacá es destino religioso por excelencia, precisamente por esa tradición y herencia católica que sigue activa y heredada de generación en generación para llevar a que feligreses desde muy temprano y hasta esta noche acuden a los templos a hacerse pedir la señal de los cristianos y la frase de “polvo eres, y en polvo te convertirás”.

En el marco de la celebración del Miércoles de Ceniza, realizada en la Catedral San Lorenzo Mártir de Duitama, el Obispo de la Diócesis de Duitama-Sogamoso, monseñor Édgar Aristizábal Quintero, invitó a los fieles a vivir la Cuaresma como un tiempo de conversión auténtica y esperanza para Colombia.

Durante su homilía, el prelado recordó que la Cuaresma no es solo una práctica externa, sino un llamado profundo a transformar el corazón y renovar la vida cristiana. En este contexto, hizo énfasis en el mensaje del Papa León XIV para este tiempo litúrgico.

“Escuchar y ayunar, explicando que el verdadero ayuno va más allá de la abstinencia de alimentos. El ayuno no solo es de alimentos, sino también de actitudes negativas como hablar mal, discriminar o tratar mal a los demás. Es un llamado a vivir la misericordia”, explicó el obispo.

Monseñor Aristizábal subrayó que este tiempo de preparación hacia la Pascua debe reflejarse en gestos concretos de reconciliación, respeto, solidaridad y compromiso con el bien común, especialmente en un momento en el que el país necesita unidad y esperanza.

La tradición de imponer la ceniza, que se elabora con las palmas bendecidas en el Domingo de Ramos del año anterior, se realiza como un acto penitencial, que recuerda la necesidad de la misericordia de Dios, al reconocer el origen y el fin de cada creyente.