San Eduardo enalteció su cultura en un intercambio, rodeado por Territorio FICC, demostrando que las nuevas expresiones florecen en los rincones más alejados del centro de Boyacá.

Desde tierras lejanas, el arte cruzó fronteras: Alexandra Vega, artista argentina, llegó al municipio de San Eduardo, a cerca de cuatro horas de Tunja, junto a su trío para unirse a este festival que promueve y fomenta el espíritu campesino.
“Estamos viviendo un encuentro fantástico de arte y alegría. Es emocionante estar en este departamento, todo es precioso. Este festival es realmente maravilloso”, compartió emocionada la artista.
A la voz de la argentina se unieron artistas que jugaban de local, saneduardenses, que con gratitud sincera celebraron la presencia del FICC en su territorio: “Muchas gracias por traer la cultura y el arte a estos pueblos tan lejanos, porque hoy no solo brilló el sol, también nos calentó el alma”, expresó Aida Granados.
De igual manera, el Ensamble Artístico del festival iluminó la tarde con un montaje que viajó por las costumbres de nuestros abuelos, las labores del campo y los relatos que merecen ser contados. Los niños del municipio fueron protagonistas, demostrando que el arte no solo entretiene, sino que también enseña. Cada risa y cada gesto fueron formas de mantener viva la herencia de los ancestros.

Igualmente, la Banda Sinfónica Municipal acompañó este encuentro con notas tropicales que llenaron el aire de ritmo y fiesta. Entre palmas, cantos y movimiento, el público se dejó envolver por la música y la emoción de compartir juntos una tarde diferente; una tarde para celebrar, porque Boyacá es campo, y allí es donde todo nace.
De esta manera El Festival Internacional de la Cultura Campesina (FICC) se vivió con una jornada que unió generaciones, provocó sonrisas y despertó el orgullo de ser parte de esta tierra boyacense.
Así, San Eduardo vivió un día especial que quedará en la memoria como un abrazo entre la tradición y aquello que hoy nos mueve como territorio. Un día en que el teatro, la música y la risa se unieron para recordarnos que el campo también sueña, crea y celebra.