El perro del Inpec frustró el ingreso de una sustancia alucinógena a la cárcel de Moniquirá, que una mujer transportaba introducida en sus partes íntimas.

El escándalo del canino que hace parte del equipo de la guardia en el Centro Penitenciario y Carcelario de Mediana Seguridad de Moniquirá puso en alerta a los uniformados del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec), luego de identificar algo extraño en una mujer que trataba de ingresar para visitar a uno de los internos.
El canino, especializado en la detección de sustancias estupefacientes emitió una señal de alerta sobre la joven, pareja de uno de los reclusos, que tras ser interrogada manifestó que llevaba oculta una sustancia alucinógena en sus partes íntimas.
“De manera voluntaria, hizo entrega de una envoltura que contenía aproximadamente 170 gramos de una sustancia vegetal con características similares a la marihuana, evitando así que ingresara al establecimiento penitenciario”, señalaron desde la Policía de Boyacá.
Los uniformados quedaron sorprendidos, tras ser convocados por funcionarios del Inpec para adelantar el procedimiento respectivo y recibir de parte de la femenina el paquete que estaba envuelto en preservativos y una especie de funda con un cordón, por lo que precedieron a detener en flagrancia de una mujer por el presunto delito de tráfico, fabricación o porte de estupefacientes.
“Una vez conocida la situación y realizada la incautación, la Policía Nacional materializó la captura de la mujer y la dejó, junto con la sustancia incautada, a disposición de la autoridad competente para adelantar el respectivo proceso de judicialización en el municipio de Moniquirá”, añadieron desde la institución policial.
Agregaron desde el comando departamental que la Policía Nacional, en articulación con el Inpec, continuará desarrollando acciones de prevención y control para impedir el ingreso de elementos prohibidos a los centros penitenciarios, reafirmando su compromiso con la seguridad y la convivencia ciudadana.
El ingreso de estupefacientes en las cárceles de Colombia ocultos en las partes íntimas de las mujeres —conocidas en el argot delictivo como «correos humanos», «mulas» o capturadas en «caleta corporal»— es una problemática altamente común, sistemática y de ocurrencia semanal en el país.
Aunque el Inpec y la Policía Nacional realizan en el país capturas constantemente durante los días de visita (fines de semana), el fenómeno persiste debido a las dinámicas socioeconómicas de las mujeres involucradas y a la alta rentabilidad del microtráfico dentro de los penales.
Un procedimiento dificil
Cada vez es más repetitiva esta práctica, y quienes la realizan irónicamente se blindan con el mismo marco legal colombiano que protege los derechos fundamentales de las visitantes:
Prohibición de requisas intrusivas: Por jurisprudencia de la Corte Constitucional, la guardia del Inpec no puede realizar tactos vaginales, desnudamientos forzados ni inspecciones visuales intrusivas a las partes íntimas de los visitantes, ya que vulnera la dignidad humana.
Dependencia Tecnológica y Canina: La detección se apoya principalmente en binomios caninos (perros antinarcóticos) que identifican el olor en la fila de ingreso y en tecnología como los escáneres corporales (BodyScan). Cuando el perro da señal positiva o el escáner muestra una anomalía, la mujer suele ser apartada y, al verse descubierta, muchas veces expulsa o entrega el paquete voluntariamente antes de ser judicializada.
¿A qué se arriesga la joven en Moniquirá?
Quienes son descubiertas intentando ingresar sustancias a un centro penitenciario enfrentan consecuencias penales severas. El Código Penal colombiano califica el tráfico de drogas en centros de reclusión como un delito agravado.
Las penas por Tráfico, fabricación o porte de estupefacientes bajo esta agravante pueden superar los 10 o 15 años de prisión, lo que convierte a este fenómeno en una de las causas principales del hacinamiento y del aumento de la población carcelaria femenina en Colombia en las últimas décadas.