Alta mortalidad y avance silencioso

En Colombia, el cáncer de hígado se consolida como una de las patologías con mayor tasa de letalidad en relación con su incidencia. Cada año se confirman aproximadamente 2.600 casos en el territorio nacional, mientras que la cifra de fallecimientos por esta misma causa alcanza alrededor de 2.450 personas, situándolo en el séptimo lugar entre las causas de muerte por cáncer en el país.
El mayor desafío clínico radica en la naturaleza asintomática de la enfermedad durante sus etapas iniciales. Manifestaciones físicas como el dolor abdominal, la fatiga persistente, la falta de apetito y la pérdida inusual de peso suelen presentarse cuando el deterioro hepático está avanzado, lo que reduce el margen de oportunidad para una intervención oportuna.
Creencias erróneas sobre las causas del desarrollo hepático
Diversas percepciones equivocadas distorsionan la evaluación del riesgo e impiden la adopción de controles preventivos a tiempo. Un mito frecuente atribuye esta enfermedad de forma exclusiva al consumo desmedido de alcohol, aunque los estudios en el país asocian este factor únicamente con entre el 15% y el 31% de los casos diagnosticados.
Por su parte, la acumulación de grasa en el hígado vinculada al sobrepeso, la obesidad y la diabetes explica entre el 32% y el 35% de los diagnósticos en ciudades como Bogotá y Cali. A estos elementos se suman las infecciones virales por hepatitis B y C, el hábito del tabaquismo y diversas afecciones autoinmunes o hereditarias.
Factores de edad y condiciones previas
Existe también la idea errónea de que esta afección compromete únicamente a personas de edad avanzada. Aunque la mediana de edad al momento del diagnóstico en el ámbito nacional oscila entre los 65 y los 70 años, la patología también se registra en población más joven, evidenciándose que en Suramérica cerca de cuatro de cada diez casos asociados a hepatitis B se detectan antes de los 50 años.
De igual forma, suele asumirse que la aparición de un tumor hepático requiere la presencia previa de cirrosis. Si bien este cuadro inflamatorio acompaña a más del 80% de los pacientes, la alteración celular puede manifestarse en personas sin cirrosis, especialmente en quienes presentan hígado graso o hepatitis virales.
El impacto decisivo del diagnóstico oportuno
El momento en que se logra el hallazgo médico determina de manera sustancial las expectativas de vida de los pacientes. En investigaciones realizadas en Medellín se identificó que más del 43% de los enfermos reciben la confirmación en estadios avanzados, lo que evidencia la persistencia del diagnóstico tardío como barrera principal.
La diferencia en la evolución del paciente resulta drástica según el estadio de detección. La supervivencia mediana alcanza los 84,6 meses (cerca de siete años) cuando el diagnóstico es temprano, mientras que en etapas avanzadas esta cifra se reduce a tan solo 10,7 meses.
Prevención integral y seguimiento profesional
Ante este escenario, María Isabel Durán, directora médica de Oncología para AstraZeneca en el Clúster Andino, subraya la importancia de identificar los factores de riesgo y mantener evaluaciones periódicas. La especialista advierte que la ausencia de síntomas o de cirrosis no descarta la existencia de riesgo, por lo que la consulta preventiva es determinante.
Las medidas de prevención abarcan la vacunación contra la hepatitis B, el tratamiento médico de las hepatitis B y C, y el control riguroso de la diabetes. Asimismo, se aconseja mantener un peso corporal adecuado, moderar el consumo de bebidas alcohólicas y evitar por completo el tabaquismo para proteger la salud hepática.