El Gobierno nacional y la Gobernación de Boyacá avanzan en la pavimentación del corredor Labranzagrande–Yopal, una obra que promete acabar con décadas de aislamiento vial en una de las regiones más productivas del país.

Por décadas, los campesinos de Labranzagrande vieron cómo sus cosechas de café, cacao y plátano llegaban golpeadas a los mercados, víctimas de una vía que el invierno convertía en un camino de lodo e incertidumbre. Esa historia está cambiando.
El Ministerio de Transporte y el Instituto Nacional de Vías (Invías) ejecutan una inversión de más de $173.147 millones para la intervención integral del corredor entre Boyacá y Casanare, a la que se suma un aporte de $33.000 millones de la Gobernación de Boyacá, destinados a la construcción de 5,9 kilómetros en el tramo Labranzagrande–Yopal. En total, la apuesta supera los $206.000 millones y abarca el tramo comprendido entre el kilómetro 15 de la variante de Labranzagrande y el sector El Salitre, en el kilómetro 47.
Las obras no son una pavimentación convencional. El corredor se construye con pavimento hidráulico tipo MR-43, un concreto de alta resistencia, y sistemas de estabilización con geoceldas —una tecnología que refuerza el suelo desde adentro— pensados para soportar las condiciones climáticas y geológicas de esta zona de la cordillera Oriental.
Un corredor que reemplaza a Pajarito

Gracias a su mayor estabilidad geológica, este eje vial se consolida como la principal alternativa a la ruta por Pajarito, históricamente afectada por derrumbes y cierres prolongados que dejaban incomunicadas a comunidades enteras y paralizaban el comercio entre el centro del país y la capital de Casanare.
La obra contempla, además, la construcción de un nuevo puente sobre el río Cravo Sur con mayor capacidad de carga que la estructura actual. Con él desaparecerán las restricciones de peso que hoy impiden el paso de tractomulas y camiones de gran tonelaje, un obstáculo que encarece el transporte de ganado bovino —actividad económica insignia de Labranzagrande— y limita la competitividad de los productores locales frente a otras regiones del país.
El campo, el gran beneficiado
El impacto de la obra va más allá del asfalto. Con una vía en condiciones óptimas, los ganaderos podrán movilizar reses de ceba y cría hacia los centros de beneficio y mercados regionales en menor tiempo y con menores costos. Los agricultores, por su parte, tendrán garantías reales para sacar sus productos sin que las lluvias dicten el calendario de sus negocios.

El proyecto también contempla el aprovechamiento de materiales locales procesados en la ejecución de la obra, una decisión que genera empleo en el territorio y dinamiza la economía municipal.
Según el Gobierno del Cambio, esta intervención no es solo una obra de ingeniería civil: es una afirmación del Estado en territorios que históricamente han reclamado presencia institucional, y una apuesta por la movilidad como derecho de las comunidades rurales de Boyacá y Casanare.