Las sorpresas y los detalles de Bad Bunny en sus conciertos este fin de semana en Medellín

Si alguien dudaba de que Medellín se ha convertido en la meca ineludible del género urbano en Latinoamérica, las últimas 72 horas en el Valle de Aburrá han disipado cualquier incógnita.

Benito Antonio Martínez Ocasio, conocido globalmente como Bad Bunny, no solo llenó tres veces consecutivas el estadio Atanasio Girardot con su ‘Debí Tirar Más Fotos World Tour’, sino que orquestó una sacudida económica y emocional que la ciudad tardará en olvidar.

La capital antioqueña amaneció hoy con la ‘guayabo’ de una fiesta que inyectó, según cifras preliminares de la Alcaldía y Fenalco, cerca de 36 millones de dólares a la economía local.

Con una ocupación hotelera que rozó el 95% y precios de arrendamiento temporal que se dispararon por las nubes, según duelo de un Airbnb lepagaron hasta 90 millones de pesos por el arriendo de su propiedad,. el fenómeno Bad Bunny demostró ser una maquinaria financiera tan potente como su setlist.

Sin embargo, más allá de las cifras y los invitados de lujo como Karol G y Arcángel, el momento que definirá el paso del puertorriqueño por Colombia ocurrió la noche del sábado 24 de enero. En medio de la euforia de luces láser y bajos retumbantes, el estadio quedó en penumbras.

Bad Bunny, usualmente reservado para la fiesta, tomó el micrófono con solemnidad para recordar a Yeison Jiménez, el referente de la música popular fallecido trágicamente a principios de este mes. «La música de ustedes, la música del pueblo, es la que nos hace eternos. Respeto para Yeison y para Colombia», dijo el artista, mientras las pantallas gigantes proyectaban imágenes del cantautor oriundo de Manzanares, Caldas. No hubo música de fondo, solo el aplauso cerrado de 45.000 almas que, por un minuto, cambiaron el reguetón por el despecho en una despedida colectiva que erizó la piel de los asistentes.

Una producción impecable, a nivel técnico, el montaje superó lo visto en 2022. La tarima 360 grados y la famosa «isla» flotante permitieron que incluso las localidades más alejadas sintieran la cercanía del artista.

El cierre de anoche, con la aparición sorpresa de Karol G, terminó de consagrar el evento. Ver a los dos máximos exponentes del género urbano actual compartir tarima en la casa de la ‘Bichota’ fue el cierre perfecto para un fin de semana frenético y que se cerró con un show de fuegos pirotécnicos.

Medellín despide hoy al ‘Conejo Malo’, pero se queda con las arcas llenas y la certeza de que, musicalmente, la ciudad juega en las grandes ligas mundiales.

Por su parte en la capital del país siguen preguntando por qué el Conejo Malo no se presentará debido a varias complicaciones operativas y los altos costos que implica organizar un concierto de esta magnitud en el Estadio El Campín.