Es el deterioro progresivo de la función de los riñones, que puede llevar a complicaciones cardiovasculares y a la necesidad de diálisis o trasplante si no se detecta a tiempo; su riesgo es mayor en personas con diabetes o hipertensión.

La enfermedad renal crónica (ERC) es un problema de salud pública de alcance global que afecta a casi 850 millones de personas en el mundo, más del 10% de la población general2,3. A nivel internacional, si no se toman medidas oportunas, podría convertirse en la quinta causa de muerte para 20404.
En Colombia, la situación confirma la magnitud del desafío. Según los últimos datos de la Cuenta de Alto Costo, en 2024 se reportaron 1.251.930 personas diagnosticadas con enfermedad renal crónica, con un aumento del 40,73% en los casos nuevos frente al año anterior1. A esto se suma la tendencia creciente de enfermedades precursoras como la hipertensión arterial (HTA) y la diabetes mellitus (DM), que mantienen una alta prevalencia en el país y constituyen los principales factores asociados al desarrollo de ERC¹. Estas cifras evidencian la necesidad de fortalecer la detección temprana, especialmente si se considera que la enfermedad puede avanzar sin síntomas en sus etapas iniciales.
A nivel territorial, la carga de la enfermedad muestra diferencias relevantes. En 2024, la Región Central concentró el mayor número de nuevos casos (68.690), seguida de Bogotá D.C. (57.398) y la Región Oriental (57.152). La Región Caribe registró 48.520 nuevos diagnósticos y la Pacífica 45.494, mientras que Amazonía-Orinoquía reportó 4.461 casos. En términos de incidencia, definida como nuevos casos por cada 1.000 habitantes, Bogotá presentó la tasa más alta del país (7,25), seguida de la Región Oriental (5,71) y la Central (5,52), por encima del promedio nacional de 5,37¹. Estas variaciones reflejan diferencias demográficas y epidemiológicas que hacen necesario fortalecer estrategias de detección temprana y seguimiento adaptadas a cada territorio.
La enfermedad renal crónica puede avanzar sin síntomas durante años y, cuando no se detecta a tiempo, puede reducir la expectativa de vida hasta en 25 años en etapas avanzadas5. A nivel global, los retrasos en el diagnóstico aumentan en 40% la probabilidad de progresión y en 63% el riesgo de falla renal que requiera terapia de reemplazo como la diálisis6.
Brechas en diagnóstico: el reto silencioso
Aunque los registros oficiales reportan una prevalencia de 2,39 casos por cada 100 personas1, se estima que la prevalencia puede ser de 10,73 por cada 100 personas7, lo que sugiere un subdiagnóstico significativo en el país. Esto implica que una proporción importante de personas podría vivir con enfermedad renal crónica sin saberlo.
En teoría, todos los pacientes con diabetes mellitus o hipertensión arterial deberían realizarse al menos una vez al año pruebas sencillas como creatinina en sangre y albuminuria en orina, ambas cubiertas por el sistema de salud. Sin embargo, los indicadores de nefroprotección en poblaciones con estas condiciones muestran que solo alrededor del 55% se les realiza creatinina y aproximadamente el 35% albuminuria, muy por debajo de lo esperado1. Esta brecha limita el diagnóstico temprano y favorece la progresión hacia estadios avanzados que requieren diálisis o trasplante.
Adicionalmente, esta enfermedad tiene un impacto directo sobre la sostenibilidad del sistema de salud. La ERC es considerada una enfermedad de alto costo para el SGSSS: entre 2015 y 2016, su carga económica, incluyendo diálisis y trasplante, osciló entre 8,7 y 14,4 billones de pesos, lo que representó hasta el 2,7% del PIB en 2015¹.
“Aumentar el tamizaje en personas con diabetes e hipertensión y garantizar una intervención oportuna desde etapas tempranas es fundamental para salvar vidas, evitar la progresión a diálisis o trasplante y contribuir a la sostenibilidad del sistema de salud en Colombia”, afirmó Diego Andrés Caro, gerente Médico Cardiovascular Renal y Metabólico de AstraZeneca.
Impacto económico y sistémico
La enfermedad renal crónica tiene un impacto transversal en los ecosistemas de salud. Su coexistencia con diabetes y complicaciones cardiovasculares incrementa la demanda asistencial y eleva los costos, que en etapas avanzadas pueden oscilar entre 130 millones y 370 millones de pesos anuales por paciente en diálisis o trasplante8. En contextos donde el 22% de los países de ingresos bajos y medianos reportan infraestructura deficiente para su atención9, la falta de acción podría traducirse en un riesgo para la sostenibilidad del sistema.
Sin embargo, el impacto se extiende más allá. A nivel mundial, entre el 30% y el 50% de los cuidadores reportan síntomas de ansiedad o depresión9,10, y la progresión de la enfermedad afecta la productividad laboral tanto de pacientes como de sus familias11,12. Además, el manejo avanzado de la ERC conlleva una huella ambiental considerable: la diálisis consume más de 169 mil millones de galones de agua al año y genera mil millones de kilogramos de residuos a nivel mundial13,14.
Actuar de manera temprana permite reducir esta presión sanitaria, social, económica y ambiental, y fortalece la resiliencia de los sistemas de salud.
“La enfermedad renal crónica no es solo un desafío clínico, es un reto de equidad en salud. Garantizar acceso oportuno al diagnóstico, fortalecer la ruta de atención y acompañar a los pacientes desde etapas tempranas es determinante para evitar la progresión y proteger tanto a las familias como al sistema de salud. Esa es una responsabilidad compartida que requiere acción coordinada” concluyó Diego Andrés Caro.
AstraZeneca (LSE/STO/Nasdaq: AZN) es una compañía farmacéutica global guiada por la ciencia que se enfoca en el descubrimiento, el desarrollo y la comercialización de medicamentos con prescripción en las áreas de Oncología, Enfermedades raras y Biofarmacéutica, incluyendo Cardiovascular, Renal y Metabolismo, y Respiratorio e Inmunológico.
Con sede en Cambridge, RU, AstraZeneca opera en más de 100 países y sus innovadores medicamentos son usados por millones de pacientes de todo el mundo. Visite astrazeneca.co