El Senado se doblega y entrega a Trump las llaves de la guerra en Venezuela

En una dramática votación nocturna, el vicepresidente Vance rompió el empate que impide al Congreso frenar futuras acciones militares de la Casa Blanca, Trump con poder absoluto.

Por: Redacción Internacional 15 de enero de 2026, 08:30 A. M.

En una noche de cuchillos largos en Washington, el sistema de frenos y contrapesos de la democracia estadounidense sufrió una de sus derrotas más sonoras. El Senado, bajo la mirada implacable de la Casa Blanca, bloqueó este miércoles la ley destinada a limitar los poderes bélicos de Donald Trump en Venezuela. La maniobra, ejecutada con precisión quirúrgica y altas dosis de drama político, terminó en un agónico empate técnico (50-50) que obligó al vicepresidente J. D. Vance a intervenir, emitiendo el voto decisivo que blinda al mandatario republicano de cualquier supervisión legislativa real en su cruzada contra el chavismo.

La atmósfera en el Capitolio era irrespirable. La iniciativa, impulsada por el demócrata Tim Kaine, buscaba responder a la conmoción global provocada el pasado 3 de enero, cuando fuerzas estadounidenses —actuando bajo orden directa de Trump— ejecutaron una audaz incursión en Caracas para extraer al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores. Ambos aguardan ahora juicio en Nueva York por cargos de narcotráfico y terrorismo. Ante tal despliegue de fuerza unilateral, una breve coalición bipartidista intentó poner límites, invocando la Constitución para exigir que cualquier futura acción militar requiriera autorización explícita del Congreso.

Sin embargo, la maquinaria de presión de Trump funcionó a la perfección y trituró la disidencia. Los senadores republicanos Josh Hawley y Todd Young, que inicialmente habían roto filas para apoyar la medida, capitularon tras días de «persuasión» agresiva. Trump no escatimó en amenazas, utilizando su plataforma Truth Social para advertir a los díscolos que su carrera política terminaría si osaban desafiar su autoridad como Comandante en Jefe, acusándolos de socavar la seguridad nacional.

La Casa Blanca, respaldada férreamente por el secretario de Estado Marco Rubio, argumentó que la ley era innecesaria bajo la premisa de que Estados Unidos no está técnicamente «en guerra». Según la administración, la captura de un jefe de Estado extranjero fue una mera «operación policial», una distinción semántica que permite al Ejecutivo actuar sin las ataduras de una declaración formal de conflicto.

El líder de la mayoría, John Thune, logró así salvar los muebles y enviar un mensaje claro: el Partido Republicano sigue siendo, ante todo, el partido de Trump. La decisión deja a la región en vilo. Sin la Resolución de Poderes de Guerra, no existe ya un mecanismo automático que obligue a la administración a consultar al Legislativo antes de lanzar nuevos ataques o despliegues en suelo venezolano. La votación de anoche no solo reafirma la lealtad partidista, sino que otorga a Trump una carta blanca de facto; un cheque en blanco firmado por el Senado que podría tener consecuencias imprevisibles e inmediatas para la estabilidad de América Latina.