Una alianza entre el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar ICBF y la Universidad Cooperativa de Colombia (UCC) capacitó a 259 agentes educativas. El programa incluyó alfabetización digital e inteligencia artificial.

En el corazón de Boyacá, la educación de la primera infancia está viviendo una transformación que va más allá de las paredes de un jardín infantil. Lo que comenzó como un diplomado académico terminó convirtiéndose en una intervención directa en 193 hogares comunitarios y centros infantiles de Tunja, Duitama, Sogamoso, Nobsa y Paipa, gracias a una alianza estratégica entre el ICBF, el Icetex y la Universidad Cooperativa de Colombia (UCC).
Bajo el marco del Fondo 1854, un total de 259 mujeres, entre madres comunitarias, docentes y agentes educativas, culminaron con éxito el diplomado “Ambientes Pedagógicos y Enriquecidos”.
El programa no solo destacó por su rigor académico de 120 horas, sino por un logro poco común en procesos de formación regional: una permanencia del 100 % de las participantes y una asistencia del 97 %.
Formación en el territorio. A diferencia de las capacitaciones tradicionales que exigen el desplazamiento a las capitales, esta iniciativa apostó por la «formación situada». Diez tutoras de la UCC se desplazaron hasta las viviendas de las madres comunitarias para realizar 792 acompañamientos pedagógicos.
«Buscamos tender un puente entre la teoría y el trabajo diario. Más que enseñar, buscamos reconocer la experiencia de cada agente y fortalecerla con herramientas que dignifican su labor», explicó Mónica Matajira, directora del proyecto por parte de la UCC.
Este enfoque permitió que elementos cotidianos del entorno se convirtieran en recursos de aprendizaje, alineándose con la Política de Estado “Cero a Siempre” y el Plan Nacional de Desarrollo vigente.

De la decoración a la intención pedagógica. Para las beneficiarias, el mayor impacto fue el cambio de mentalidad. Miriam Eugenia Ávila, auxiliar pedagógica participante, relató que antes asociaba el ambiente pedagógico solo con la decoración física. «Hoy entiendo que el espacio es una herramienta clave. Aprendí que con elementos reciclables podemos crear experiencias que despierten la autonomía del niño«, afirmó.
Además de la pedagogía, el proyecto abordó una deuda histórica: la brecha digital. Agentes que antes usaban el celular solo para llamadas, hoy emplean herramientas de inteligencia artificial para diseñar planeaciones pedagógicas y mejorar la comunicación con los padres de familia.
Desde el ICBF se destacó que la articulación con la academia es vital para que el conocimiento técnico llegue al territorio de forma pertinente. En esa misma línea, Luz Dary García Guzmán, subdirectora de Proyección Institucional de la UCC campus Bogotá, señaló que el éxito radicó en convertir el espacio físico en un «tercer maestro», donde el juego y la exploración son los motores del desarrollo.
Con la entrega de estas certificaciones, Boyacá da un paso firme hacia una atención integral que no solo cuida, sino que educa con intención, dejando capacidades instaladas en las comunidades que más lo necesitan.